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jueves, 9 de mayo de 2013

La salvadoreña que inspiró "El Principito"


La salvadoreña que inspiró "El Principito"

9 de mayo de 2013
Consuelo y Antoine de Saint-Exupéry (Foto: Editions du Rocher)
Consuelo Suncín se casó con el escritor francés en 1931.
Algunos la llamaron "la Scherezada de los trópicos", pero otros -como la familia del escritor francés Antoine de Saint-Exupéry- la consideraron una buscadora de fortunas: "Una parrandera que se sentía el Alma Mahler de Centroamérica".
Fue Consuelo Suncín, la salvadoreña que inspiró "El Principito", el famoso libro de Saint-Exupéry del que se acaban de cumplir 70 años desde su primera publicación.
Pero mientras el autor fue adquiriendo un lugar en la cumbre de la literatura francesa y mundial, la salvadoreña fue gradualmente olvidada.
Antoine de Saint-Exupéry fue dado por muerto en 1944, cuando el avión que volaba desapareció sobre el Mar Mediterráneo.
Desde entonces el libro, que se había publicado un año antes, se ha convertido en el tercero más vendido en el planeta. Ha sido traducido a más de 250 idiomas y dialectos y ha vendido 140 millones de ejemplares.
Hoy hay un consenso en que la salvadoreña inspiró el personaje de la rosa en "El Principito" y que la obra es una alusión a la atormentada relación matrimonial que duró 13 años.

Portada del libro de Marie-Helene Carbonel
La biografía publicada en 2010 (Ed. du Rocher).

La seductora

Consuelo Suncín nació en Armenia, El Salvador, en 1901.
Cuando conoció a Saint-Exupéry, en 1930, ya era una mujer divorciada y viuda, y por lo tanto vilipendiada como "amoral" en los círculos aristócratas franceses a los que pertenecía su futuro marido.
"Consuelo provenía de una familia acomodada, dueños de tierras y cafetales en Armenia", le dice a BBC Mundo Marie-Helene Carbonel, quien en 2010 publicó en Francia la biografía "Consuelo de Saint-Exupéry, une mariée vêtue de noir" ("Consuelo de Saint-Exupery, una novia vestida de negro").
Marie-Helene Carbonel tuvo acceso a las cartas y documentos personales de Consuelo Suncín en un archivo que maneja en Francia su heredero literario y empleado, José Martínez-Fructuoso.
Consuelo, explica la escritora, inventó historias y mitos alrededor de su persona para lograr ser aceptada en los círculos de sus futuros esposos.
"Inventó, por ejemplo, que su primer marido, el mexicano Ricardo Cárdenas, con quien se casó cuando tenía 21 años, era un capitán del ejército que había muerto en la Revolución Mexicana. Pensó entonces que podría ser aceptada mejor si decía que era viuda y no divorciada. Pero en sus archivos encontré su acta de divorcio, registrada en Mérida, México, en 1925", afirma Marie-Helene Carbonel.
Después del divorcio, Consuelo viajó a París con José Vasconcelos, una de las figuras intelectuales, culturales y políticas más destacadas de la época en México.
Mientras mantenía una relación con el mexicano en la capital francesa, conoció a Enrique Gómez Carrillo, el escritor y periodista guatemalteco que entonces era cónsul general de Argentina en París.
Consuelo Suncín (Foto: Editions du Rocher)
Consuelo nació en Armenia, El Salvador, en 1901.
Y poco después dejó a Vasconcelos para casarse con Gómez Carrillo, a pesar de que el guatemalteco tenía 30 años más que ella.
"Creo que ella verdaderamente tuvo un gran amor por Gómez Carrillo", dice Marie-Helene Carbonel.
El matrimonio, sin embargo, duró sólo nueve meses porque en 1927 él murió y ella decidió marcharse a Buenos Aires para vivir de la pensión de su segundo marido.

La condesa denigrada

Allí, en la capital argentina, conoció a Antoine de Saint-Exupéry, quien trabajaba como piloto comercial de servicios de mensajería. Y al año, en 1931, Consuelo se casó con el escritor, aviador y aristócrata y se convirtió en la condesa Consuelo de Saint-Exupéry.
"Consuelo era una seductora. No sólo era una mujer bonita y menuda que encantaba a los hombres; también podía hablar con ellos", sostiene la escritora francesa.
Consuelo de Saint-Exupéry (Foto: Editions du Rocher)
La salvadoreña inspiró el personaje de la rosa en "El Principito".
"Para mí es una mujer muy interesante y de gran valor. No es una casualidad que interesó a tantos hombres inteligentes e importantes".
"Además, juega con la leyenda salvadoreña, la de la 'volcánica Consuelo'. Pero ella tiene muchas dificultades porque los franceses no la aceptan. Y lo peor fue la forma como la trató la familia Saint-Exupery", agrega.
Según Paul Webster, autor de "Antoine de Saint-Exupery: la vida y la muerte de El Principito", publicada en 1993, "los allegados a Saint-Exupéry nunca tuvieron tiempo para Consuelo. Y también fue descartada por su cuñada (la escritora) Simone de Saint-Exupéry, quien la describió como una 'mujerzuela' y una 'condesa de película'".
Webster cuenta que "la denigración no disminuyó ni 20 años después de su muerte".
"Un miembro de la familia Saint-Exupéry me dijo que casarse con una extranjera era considerado peor que casarse con una judía, lo cual resumía la posición monárquica, antisemita y ferozmente xenofóbica de esta familia, cuya aristocracia databa del siglo XII", afirma el escritor británico.
Así fue como Consuelo, quien murió en 1979 en Francia, desaparece de todos los libros que se publicaron sobre la vida de Saint-Exupéry, y Francia la olvidó mientras construía los numerosos monumentos en honor del héroe Saint-Exupéry.

Relación amarga

Marie-Helene Carbonel
Marie-Helene Carbonel escribió el libro "Consuelo de Saint-Exupéry, una novia vestida de negro".
Pero en 2000, cuando comenzaban los preparativos para celebrar el 100 aniversario del nacimiento del escritor, cayó una "bomba" en Francia con la publicación de un manuscrito rescatado por José Martínez Fructuoso: "La memoria de la rosa", en el que Consuelo hace un amargo recuento de los 13 años de matrimonio con el escritor francés.
"Ella cuenta que él era terrible", dice Marie-Helene Carbonel. "El libro es una confesión sobre su relación, y provocó una conmoción porque Saint-Exupéry era considerado un santo".
En el manuscrito acusa a su esposo de hacerla sufrir continuamente con sus múltiples ausencias y numerosas amantes. Habla de sus varias debilidades: de su "egoísmo" y su "infantilismo", lo llama "cruel, negligente, avaro y derrochador".
Según Paul Webster, el libro "es un feo recuento de una viuda muy amargada".
En lo que muchos están de acuerdo es en que más que una fábula filosófica, como muchos lo han hecho creer, "El Principito" es una alegoría de la propia vida de Saint-Exupéry, de sus incertidumbres y su búsqueda de paz interior. Pero también es una alusión a la atormentada relación con Consuelo.
Y Consuelo fue la musa que inspiró a la rosa de "El Principito".
"La rosa es Consuelo", afirma Marie-Helene Carbonel. "Los tres volcanes son los volcanes de El Salvador. Los baobabs son las ceibas a la entrada del pueblo de Armenia, en El Salvador. La rosa que tose es Consuelo, que sufre de asma, que es frágil y por eso está protegida bajo una campana de cristal".
"Las otras cinco mil rosas pueden ser las otras mujeres de Saint-Exupéry, pero para El Principito esas rosas no valen nada, la única que vale es su rosa".
"Se ha querido presentar a este libro como un cuento para niños. Pero no lo es de ningún modo. Es un libro que escribió para pedir perdón a Consuelo, es un acto de contrición", dice la escritora francesa.
Consuelo con una escultura de Saint-Eupéry (Foto: Editions du Rocher)
Consuelo también fue pintora y escultora. (Fotos: Ed. du Rocher)

viernes, 31 de julio de 2009

La misteriosa desaparición del creador de "El principito" cumple 65 años

Antoine de Saint-Exupéry, el autor del libro más difundido del mundo luego de la Biblia y el Corán, desapareció en una de sus tantas expediciones aéreas. Jamás se esclareció su paradero.
EFE, 31 de Julio de 2009

Antoine de Saint-Exupéry, el autor de ''El principito'', desapareció nisteriosamente el 31 de julio de 1944.

PARÍS.- Hace 65 años los radares de la Resistencia perdieron el rastro de uno de sus aviones Lightning P38 en el Mediterráneo y la leyenda de su piloto, Antoine de Saint-Exupéry, comenzó a mezclarse en el imaginario colectivo con las páginas del más memorable de sus libros, "El principito".

Para recordar aquel momento, Marsella invade su cielo de aviones e inauguraró una exposición titulada "Saint-Exupéry. Invitation au voyage" ("Saint-Exupéry. Invitación al viaje"), que será el primero de una serie de homenajes que se prolongarán hasta 2013 para rendir culto al autor del libro más difundido del mundo después de la Biblia y el Corán.

Francia recordará así a un hombre cuya desaparición se convirtió en una fantasía tan literaria como las aventuras de "El principito", aquel niño que abandonó su minúsculo planeta en el que deshollinaba volcanes y cuidaba de su rosa y que se encontró en el desierto del Sahara con un misterioso aviador que había caído del cielo.

Saint-Exupéry (1900-1944) se desvaneció en un tiempo en el que Europa estaba ocupada por los nazis y en el que los aviadores se cubrían la cara con aparatosas máscaras de cuero, dejando tras de sí un legado literario en el que se encuentran títulos como "El aviador", "Tierra de hombres" o "Piloto de guerra".

Aunque las investigaciones no han conseguido esclarecer absolutamente su desaparición, que tiene el regusto fatuo de las fotografías amarillentas de mediados del siglo pasado, actualmente parece razonable asumir que perdió la vida cuando su avión cayó al mar en 1944.

Los años han ido rociando el anecdotario de datos. En 1998 un pescador halló entre sus redes una pulsera que perteneció al escritor y seis años más tarde fueron encontrados restos del avión frente a las costas de Marsella.

Pero el testimonio mortífero llegó el año pasado, cuando un octogenario alemán reconoció haber derribado el avión de Saint-Exupéry.

"Pueden dejar de buscar. Fui yo quien abatió a Saint-Exupéry", dijo Horst Rippert, de 88 años, cuando fue localizado por dos investigadores franceses expertos en encontrar aviones perdidos durante la guerra.

Sin embargo, y a falta de un cadáver que examinar, el cautivador hechizo de su leyenda pervive e inunda todo lo que rodea al universo del autor de una diminuta joya de la literatura universal.

Quizá porque "sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos", como le decía el zorro al principito, los ojos de la historia no captan que lo esencial de Saint-Exupéry, sus textos y dibujos, no se perdieron en ningún mar durante ninguna Guerra Mundial.

Además, la leyenda impregna de rentabilidad y atractivo al autor y a su principito. Sus manuscritos se venden más caros en las subastas de arte -por el último se pagó casi medio millón de dólares- y las televisiones desembolsan más dinero para convertir en dibujos animados su célebre libro, como la cadena pública "France 3", que lo colocará en la pequeña pantalla en 2009 ó 2010 en 52 episodios de 26 minutos cada uno.

Los adultos aceptan los hechos probados, pero los pequeños pueden permitirse no hacerlo. Y quizá, en el universo de los niños, para quienes escribió Saint-Exupéry "El principito", el literato siga perdido en algún desierto pintando corderos en cajas con agujeros.

Puede incluso que exista una explicación para todo, pero, como decía "El principito": "las personas grandes nunca comprenden nada por sí solas y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones".