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miércoles, 25 de septiembre de 2013

Pablo Neruda y el "desgarrador" funeral que Pinochet no pudo frenar

Pablo Neruda y el "desgarrador" funeral que Pinochet no pudo frenar

Pablo Neruda
Cuando Pablo Neruda murió el 23 de septiembre de 1973, apenas habían pasado 12 días del golpe militar que derrocó al gobierno socialista de Salvador Allende en Chile y todos los actos públicos estaban prohibidos.
Por eso, el ataúd gris del poeta salió de la Clínica Santa María, en Santiago, casi en secreto, rodeado de su viuda Matilde Urrutia, la hermana de ésta y una amiga de la pareja.
Pero Neruda era demasiado popular para irse solo.
Amigos y chilenos de la calle se fueron sumando espontáneamente a la carroza y los militares armados que la custodiaban no pudieron hacer nada para evitar que la multitud despidiera los restos del Premio Nobel de Literatura, gritando consignas políticas y cantando incluso La Internacional, el himno más famoso del movimiento obrero en el mundo.
40 años después -cuando las razones exactas de su muerte están siendo investigadas, luego de que su exchofer denunciara que fue envenenado y no falleció de cáncer como siempre se ha pensado- BBC Mundo les presenta el testimonio de dos testigos de ese histórico momento, que describen como estremecedor y desgarrador.

"La gente salía a las ventanas y miraba con terror"

"Recuerdo que la gente salía a las ventanas a mirar. No decían nada, pero se les notaba el terror en la cara, de ver que iba un cortejo y adelante los militares armados", le cuenta a BBC Mundo Ana María Cabrioler.
Ella y su esposo, Sergio Villegas -fallecido en 2005-, caminaron tras el ataúd gris de Neruda desde "La Chascona", la casa del poeta en Santiago, ubicada a los pies del cerro San Cristóbal.
Conocían a Neruda desde los años 50. Villegas, periodista, escritor y poeta, registraría cada detalle de la despedida del Nobel chileno y publicaría en Alemania el libro "Funeral vigilado".
Su viuda relata que el día de la muerte de Neruda ambos ya habían pasado por "La Chascona".
"Fuimos porque nos avisaron que la estaban haciendo pedazos", recuerda.
"Ya habían destrozado todo cuando llegamos. No había policías, nadie. Se hizo todo para poder velar a Neruda en la casa, pero no había cómo ordenar nada, el agua corría por todas partes".
Matilde Urrutia decidió velar a Neruda en medio de los destrozos.
Carátula del libro "Un funeral vigilado"
Villegas registró los detalles de aquella dramática jornada en un libro.
"Cuando salían de la casa, los hombres que llevaban el ataúd se hacían zancadillas tratando de esquivar los charcos. Se formó una cola afuera y empezamos a marchar. Muy pocos primero, pero cada vez más a medida que íbamos avanzando".
"Cuando llegamos al cementerio ya éramos bastante gente. Nosotros caminábamos en la mitad del cortejo y la calle que llevaba hasta la tumba donde quedaría Pablo estaba llena".
"Pablo Neruda era un militante comunista, por lo tanto estaba rodeado de su gente. Y esa gente tenía algo por qué luchar en esos momentos".
"Entonces empezaron a cantar "La Internacional" y todo el mundo la cantó, y recordaron a Víctor Jara, que recién se lo habían entregado a Joan, su señora, con 40 y tantas balas en el cuerpo. Y luego empezaron a gritar por Allende y por el que llevaban también allí, por Pablo".
"Todos llorábamos. Cuando la gente empezaba a entonar cantos, o los gritos por Víctor Jara uno se estremecía, porque sabía lo que había pasado. Nosotros sabíamos".

"El funeral de Neruda fue una forma de expiación, una catarsis"

El fotógrafo chileno Marcelo Montecino es autor de algunas de las imágenes más emblemáticas del funeral de Neruda.
Pablo Neruda junto a su esposa
En esta fotografía Neruda está junto a su esposa, respondiendo a los periodistas tras ganar el Nobel de Literatura en 1971.
Había regresado a Chile en 1969, tras estudiar en Nueva York y retrató en forma sistemática los turbulentos años que siguieron.
"El día antes habíamos estado todos los periodistas visitando el Estadio Nacional. Ya había llegado la prensa extranjera, a la que habían mantenido fuera del país por poco más de una semana. Así que ya éramos un contingente más o menos grande. Pero yo quería ir a ver a Neruda".
"Fui a tomar fotografías, pero también fui por una cuestión personal. Mi madre había sido su amiga y me lo había presentado una vez. Me acuerdo que dio una charla por el año 1964 en el BID. Y ahí me dijo, 'yo te conocí dentro del vientre de tu madre' o algo así".
En charla con BBC Mundo, Montecino recuerda que ese día se dirigió directamente a las puertas del cementerio.
"Cuando llegué ya había entre 600 y mil personas. Era un día muy triste, muy nublado, y había bastante ansiedad. Esperamos. Y de pronto empezó a llegar el cortejo. Y detrás del cortejo vendrían, qué se yo, otras mil personas".
"Y a medida que los dos grupos se juntaron, empezó lentamente a cantarse 'La Internacional'. Fue desgarrador".
"Yo creo que fue una forma de expiación, de purificación, de catarsis. Yo creo que la gente no sabía qué otra cosa hacer. Poquitito antes de que empezaran a cantar se escucharon las primeras consignas. "Pablo Neruda: ¡Presente! Ahora: ¡Y siempre!".
"Iban con miedo, pero yo creo que la gente iba dispuesta a todo. Y de hecho una vez que estábamos dentro del funeral pasó un camión lleno de milicos. Pero pasaron no más. Como que entendían que no podían hacer nada ahí. Y la gente los miró y seguimos haciendo lo que estábamos haciendo".
"Me acuerdo que me llamó la atención que había mucha gente muy humilde, trabajadores que venían siguiendo el cortejo".
"Había gente del Partido Comunista, pero más que militantes, yo creo que eran militantes de Neruda. Vi a gente conocida, estaba (el poeta) Nicanor Parra".
"Fue la primera vez que la gente protestaba contra el golpe, era una manera de que todo el mundo tuviera una catarsis. Era un desquite. Si Neruda hasta el final fue consecuente con eso: agrupó gente, y le dio, qué se yo, esperanza".

martes, 9 de junio de 2009

Romance de Pinochet con ecuatoriana sale a la luz 50 años después en Chile

Romance de Pinochet con ecuatoriana sale a la luz 50 años después en Chile

  • EFE, 9 de Junio del 2009

http://centroschilenos.blogia.com/upload/20070916173218-pinochet.jpg

El romance que el fallecido dictador Augusto Pinochet mantuvo con una mujer ecuatoriana sale a la luz medio siglo después en Chile con la publicación de un libro que desvela los entresijos de la familia que detentó el poder en este país durante 17 años.

Los periodistas Fernando Vega y Claudia Farfán presentaron hoy en un encuentro con corresponsales extranjeros en Santiago el libro "La familia: Historia privada de los Pinochet", que desvela la presencia de esa mujer, llamada Piedad Noé, en la vida del dictador.

"Piedad fue uno de los amores de su vida. Él no la pudo olvidar. Estuvo incluso a punto de casarse con ella", explicó Farfán, una de las autoras de la investigación que comenzó a mediados de 2006, antes de la muerte de Pinochet, ocurrida en diciembre de ese año.

El libro, que salió a la venta el pasado 3 de junio, repasa el auge y la caída de un clan que alcanzó el poder absoluto durante la dictadura chilena (1973-1990) y que se desplomó con el descubrimiento de las cuentas secretas de Pinochet en el extranjero.

Uno de los hechos que marcó el matrimonio que desde 1943 unía a Pinochet con su esposa, Lucía Hiriart, fue la irrupción en 1957 de Piedad, una mujer quiteña que durante dos años mantuvo una estrecha relación con el futuro dictador.

Piedad, dama de la alta sociedad quiteña e hija de un acaudalado comerciante, tenía tres hijos y estaba divorciada de su primer marido cuando conoció a Pinochet, con el que estableció una secreta pero duradera relación.

Pinochet, que se había trasladado a Ecuador junto con su familia para organizar la Academia de Guerra de aquel país, decidió primar su carrera militar frente a los mandatos del corazón y en 1959 regresó a Chile con su esposa, ya enterada de su infidelidad.

Sin embargo, los vínculos secretos con su amante se mantuvieron vivos durante más de 40 años a través de una nutrida correspondencia y esporádicos viajes como el que en 1983 llevó a Chile a Piedad, quien falleció siete años después.

Piedad surge así como "una especie de fantasma" para la familia Pinochet, que siempre sintió su presencia en las sombras de una relación marital "asimétrica" marcada por la sumisión que Pinochet dispensó a Lucía Hiriart, cuenta Farfán.

Esta periodista no cree, sin embargo, que Piedad sea la madre de un supuesto sexto hijo de Pinochet, convertido en "mito" del que nunca nada se supo pero cuya existencia constituye "un rumor fuerte entre las altas esferas quiteñas".

El matrimonio Pinochet y sus cinco hijos vivieron una historia de desuniones que se engendraron desde muy temprano y se agudizaron cuando el patriarca asumió el poder y sus vástagos se disputaron no solo su cariño, sino también su dinero.

"El golpe militar también fue una tragedia para ellos, el poder los corrompió", dijo Vega sobre los hijos de Pinochet, quienes establecieron una relación de fuerte dependencia con el dictador e hicieron valer su apellido en su vida cotidiana.

Con el descubrimiento en 2004 de las cuentas secretas que Pinochet guardaba en el extranjero, la derecha y el empresariado chileno dieron la espalda a la familia, que nunca fue aceptada como miembro de la alta burguesía.

De ese clan solo Lucía Pinochet consiguió recomponerse y obtener un puesto de concejal en Vitacura, el barrio con mayor nivel económico de Chile.

Para realizar este libro, los autores entrevistaron a dos de los hijos de Pinochet, Lucía y Marco Antonio, y a su hermana, Adelina Pinochet Ugarte, quien reveló la soledad que sintió el general en los últimos días de su vida.