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domingo, 4 de enero de 2015

Qué hacer con la casa donde nació Hitler

Qué hacer con la casa donde nació Hitler


Señal que indica el camino a Braunau am Inn

Braunau am Inn es una pequeña y graciosa ciudad en el norte de Austria, ubicada en la frontera con Alemania, que carga con la pesada herencia de alojar, un poco más allá de la plaza central, en el número 15 de la calle Saizburger Vorstadt, un antiguo hostal del siglo XVII en el que nació Adolfo Hitler.
Corría el año 1889 y la familia Hitler alquiló unas habitaciones pues el padre, Alois, había sido enviado a cumplir sus funciones como funcionario aduanero.

Saizburger Vorstadt 15
Saizburger Vorstadt 15: el primer hogar de quien luego retornaría como líder de todo el país.

Adolfo Hitler sólo vivió ahí durante unas pocas semanas, pues su familia fue trasladada a otro lugar en Braunau.
De la ciudad se fueron cuando Hitler tenía 3 años de edad.
Él sólo volvió en 1938 por un corto rato cuando estaba camino a Viena, luego de haber anexado Austria a la Alemania nazi.

Hitler nació en la casa, pero sólo vivió ahí durante unas pocas semanas. Su familia fue trasladada a otro lugar en Braunau.
Hitler en Braunau am Inn, camino a Viena
Hitler en Braunau am Inn, camino a Viena.

No obstante, una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, el edificio de la calle Saizburger Vorstadt se convirtió en un dolor de cabeza.

Peregrinaje

Los locales cuentan que el lugar todavía atrae a simpatizantes neonazis.
"He visto gente proveniente de Italia o Francia que viene con el propósito de adorar", le dice a la BBC Josef Kogler, un profesor de Braunau.
"Creo que uno era un profesor de historia francés, y vino y me preguntó por la casa natal de Hitler... es difícil de comprender", agrega.
En este momento, el lugar está cerrado y vacío.

Piedra con inscripción frente a la casa natal de Hitler.
Frente a la casa, una piedra en la que dice: "Para la paz, la libertad y la democracia. Nunca jamás fascismo. Millones de muertos lo advierten".

Durante años, el gobierno austriaco estaba tan preocupado por la posibilidad de que se convirtiera en un lugar de peregrinaje para quienes admiran al hombre y su obra que el Ministerio del Interior lo tuvo alquilado desde 1972.
Alguna vez fue un centro de cuidados diurnos para discapacitados, pero en 2011 tuvo que cerrar.
Hoy está vacante, pues la dueña, Gerlinde Pommer, no está de acuerdo con planes de renovación.
"No acepta ninguna propuesta para usar el lugar para oficinas u otros propósitos", explica el historiador local Florian Kotanko.
"Ella no permite que se le haga ningún cambio a la casa, así que no se puede reconstruir ninguna habitación, ni construir baños modernos o instalar un ascensor, así que es difícil".

¿Recordar u olvidar?

Durante los últimos tres años ha habido varias propuestas para utilizar la edificación, como convertirla en apartamentos y un centro de educación para adultos, o en un museo o en un centro de responsabilidad, para confrontar el pasado nazi.
Un miembro del parlamento de Rusia ofreció incluso comprar la casa y hacerla explotar.
A falta de un acuerdo, el Ministerio de Interior apeló recientemente a todos los otros ministerios regionales y federales para que ayuden a decidir el futuro del lugar.

Historiador Florian Kotanko
El debate no cesa: para unos, ya es hora de cerrar capítulo. Para otros, como Kotanko, no se debe ignorar la historia.

El vicealcalde de Braunau, el socialdemócrata Guenter Pointner, dice que el Ministerio está considerando finalizar el contrato de alquiler con la señora Pommer. Ella no estaba disponible para darnos su opinión.
Los contratiempos con el antiguo hostal han sacado del olvido recuerdos incómodos para la próspera ciudad.

Adolfo Hitler
"No somos hijos de Hitler", asegura el vicealcalde de Braunau.

Algunos, incluido el segundo vicealcalde de Braunau Christian Schilcher, del ultraderechista Partido Libertad, piensan que es hora de dejar el pasado atrás.
"La gente está harta", asegura. "Ese tema es un problema para la imagen de Braunau. Queremos que sea una bella ciudad pequeña, con turismo y visitantes. No somos los hijos de Hitler".
Pero otros, como el historiador Florian Kotanko, opinan que ignorar la historia puede empeorar las cosas.
"Hay una conexión entre Braunau y Hitler incluso sin esa edificación", dice. "¡Todo el mundo puede leer que Hitler nació aquí!".

Registro de nacimiento de Hitler
Registro de nacimiento de Hitler.

Braunau ahora panea montar una exhibición sobre Saizburger Vorstadt 15 y su conexión con Hitler en el museo local.
Por muchos años, los austríacos y la gente de Braunau se han mostrado renuentes a discutir su pasado nazi, pero Katanko afirma que está cambiando.
"Antes, la gente se rehusaba a hablar de los hechos, pero ahora lo hacen. Es cuestión de cómo lidiar con la herencia".

domingo, 7 de diciembre de 2014

¿Qué comían los tiranos?

¿Qué comían los tiranos?


"Eres lo que comes", dice el adagio, pero también cuenta cómo y con quién te lo comes. La comida puede afectar tu genio, tus entrañas y tu opinión sobre el mundo y la vida, según Victoria Clark y Melissa Scott, autoras de "Dictators' Dinners: A Bad Taste Guide to Entertaining Tyrants" (Cenas de dictadores: una guía de mal gusto para agasajar a tiranos). Así le cuentan a los lectores de la BBC lo que descubrieron.
En esta época de apasionados por la gastronomía, de sibaritas y de lo gourmet, nos pusimos en la tarea de someter al escrutinio culinario a algunos de los más infames tiranos del siglo XX.
Sin ninguna intención de mitigar sus crímenes humanizándolos, quisimos rebajarlos a la talla humana: la línea entre hombre y monstruo puede ser muy fina.
A pesar de que debimos concluir que no se le puede atribuir a ningún alimento o ninguna constitución física el que alguien hacer el mal o sufra de delirios de grandeza, sí detectamos señales de algunos patrones.

Grasa de cerdo y sardinas


Nicolae Ceausescu y su esposa Elena en 1981 en Bucarest
Nicolae Ceausescu y su esposa Elena en 1981 en Bucarest... ¿comiendo lo que trajeron?

A medida que varios de estos hombres envejecían, se tornaban más y más obsesivos con la pureza de lo que comían.
El norcoreano Kim Il-sung ordenó que todos sus granos de arroz fueran seleccionados individualmente y creó un instituto cuyo único propósito era encontrar la manera de prolongar su vida.
El jefe del partido Comunista de Rumania Nicolae Ceausescu irritaba a los homólogos a los que visitaba pues llegaba con toda su comida; a Tito, el líder de la vecina Yugoslavia, le sorprendió su insistencia en tomar jugos de vegetales crudos con un pitillo, mientras rechazaba cualquier alimento sólido.
La vasta mayoría de nuestros dictadores eran de origen humilde, lo que significaba que sus platos favoritos distaban mucho de ser del estilo de El Cordón Azul.

Grasa de cerdo
El plato favorito de Tito: grasa de cerdo caliente.

Aunque era espléndido cuando recibía a la realeza y a estrellas de teatro y cine, lo que le fascinaba comer a Tito era un pedazo de grasa de cerdo caliente.
Cuando estaba en casa, la debilidad de Ceausescu era un estofado hecho con un pollo entero... patas, pico y demás.
El piadosamente católico Antonio Salazar de Portugal adoraba las sardinas, que le recordaban de su infancia, cuando tenía que compartir una sola sardina con su hermano.

Heces de campesinos búlgaros

Entre los sujetos que investigamos, algunos de los más conocidos -Adolf Hitler, Mao Zedong y Benito Mussolini- sufrían de problemas digestivos debido al estrés de las gigantescas responsabilidades que cargaban sobre sus hombros.


La flatulencia crónica de Hitler puede haber sido la razón por la que se volvió vegetariano y permitió que un curandero llamado Theodoro Morrell lo medicara con hasta 28 pociones distintas, incluyendo una hecha con extracto de heces de campesinos búlgaros.
A Muammar Gaddafi, en cambio, no le molestaba su flatulencia, que era famosa.
A Mussolini, en medio de la Segunda Guerra Mundial, tuvo que examinarlo un doctor nazi cuyo diagnóstico fue que estaba peligrosamente estreñido.
En contraste, Mao Zedong, un carnívoro apasionado, fue de por vida un mártir de sus "necesidades": "Como mucho y excreto mucho", reportó en una carta a un camarada en sus primeros días.
Mucho después, en una visita a la Unión Soviética para encontrarse con Iósif Stalin, se enfureció pues no pudo defecar debido a que el tipo de inodoro al que estaba acostumbrado no existía en Moscú.

Veladas provocadoras

El camarada Stalin parece haber tenido una constitución de hierro... en su casa de campo en Kuntsevo se servían deliciosas especialidades georgianas junto con abusivos juegos de poder.

Stasivi
Stasivi -pollo con salsa de nueces- uno de los platos de Georgia preferidos por Stalin.

Duraban unas cinco o seis horas, de las 11 de la noche a las 5 de la mañana por ejemplo, y eran una forma de tortura refinada gracias a la participación obligada en juegos de bebedores, canciones y danzas.
El exceso de alcohol mezclado con el miedo paralizador y las bromas crueles dejaron una vez a Nikita Khrushchev en un estado miserable, incapaz de mantener el equilibrio e incontinente.
La única manera que encontró el camarada Tito de Yugoslavia para evitar tal destino fue vomitar adentro de las mangas de su chaqueta.
Al parecer, Ferdinand e Imelda Marcos también disfrutaban de veladas retadoras, aunque un poco menos brutales. En una ocasión, Imelda le ordenó a todos los altos mandos del ejército filipino que se vistieran como mujeres para una de las fiestas de cumpleaños de su marido.

Un cerdito llamado Hitler
Un cerdito llamado Hitler: un homenaje curioso para un vegetariano.

El vegetariano Hitler aparentemente hablaba durante la comida sobre lo que ocurría en los mataderos ucranianos de tal manera que sus invitados carnívoros no podían seguir comiendo.
Sin embargo, es difícil imaginarse que una conversación de ese estilo hubiera hecho que ni Jean Bedel Bokassa, de la República de África Central, ni Idi Amin, de Uganda, ni Francisco Nguema, de Guinea Ecuatorial, perdieran el apetito.
Hay fuertes sospechas de que todos ellos pecaron de canibalismo.
Nosotras en el libro no incluimos la receta para preparar un cuerpo humano relleno de arroz y flambeado con ginebra, como lo hizo el antiguo cocinero de Bokassa, quien no podía recordar si el cadáver que asegura que Bokassa le ordenó que preparara era de hombre o mujer.

Salvándole la vida al líder

Los degustadores inevitablemente eran imprescindibles y muy valorados entre los más crueles y paranoicos de nuestros personajes.
Hitler tenía un equipo de 15 degustadoras a mano durante los años de la guerra: nada llegaba a su mesa hasta que se confirmara que las chicas seguían vivas 45 minutos después de ingerirlo.

Saddam Hussein

El hijo de Saddam Hussein, Uday, fue golpeado y encarcelado por matar a uno de los degustadores que servían a su padre.
Ceausescu de Rumania nunca viajaba sin su oficial de seguridad, quien además era químico e iba equipado con un laboratorio móvil para examinar la comida.
Pero al final, por supuesto, por más degustadores, químicos, caprichos y meticulosidades, nada los iba a salvar de lo que nos espera a todos: la muerte... que para muchos de ellos fue violenta.

sábado, 22 de febrero de 2014

"Hitler se exilió en Sudamérica y se apellidó Kirchner"

"Hitler se exilió en Sudamérica y se apellidó Kirchner"

Así lo asegura Abel Basti en su libro "Tras los pasos de Hitler". Publicación es resultado de una investigación de 20 años

"Hitler se exilió en Sudamérica y se apellidó Kirchner"
"Hitler se exilió en Sudamérica y se apellidó Kirchner"
(Foto: Agencias)

(elcomercio.pe). Hitler no se suicidó una vez que la guerra ya estaba perdida, sino que escapó a Argentina y visitó varios países de Sudamérica con distintas identidades falsas, entre ellas la de Kurt Bruno Kirchner que utilizó durante su estadía en Paraguay, según un libro del periodista argentino Abel Basti.

"Tras los pasos de Hitler" es la investigación definitiva sobre el exilio postmortem del líder nazi en Argentina y otros países de la región, que Basti publicó en la editorial Planeta y que resume 20 años de arduo trabajo.

El Führer, quien según la historia oficial se quitó la vida con un disparo en la sien, en realidad huyó de una Berlín asediada por el Ejército Rojo y arribó, en submarino, a la patagonia argentina donde vivió en un campo próximo a la ciudad de Bariloche bajo el nombre de Adolf Schütelmayor, afirma el escritor en su último libro.

Basti, que escuchó por primera vez en 1994 que Hitler había llegado a Argentina semanas después de que finalizara la Segunda Guerra Mundial, contó a Efe que al principio no lo creyó "porque tenía en la cabeza la verdad oficial".

"Pero en la medida que me movía en círculos alemanes del sur, y otras partes del país, comencé a ver esa posibilidad. Y la terminé creyendo cuando empecé a entrevistar a testigos que habían estado con Hitler en Argentina", relató el autor.

El periodista, radicado en Bariloche, asegura en su libro que Hitler "no vivió enclaustrado" sino que se trasladaba con total libertad no solo por el territorio argentino, sino también por países como Brasil, Colombia y Paraguay.

ACUERDO ENTRE NAZIS Y NORTEAMERICANOS
La fuga del jerarca alemán "no hubiera sido posible sin un acuerdo militar entre los nazis y los norteamericanos, que consistía en la salida (de Alemania) de hombres, divisas y tecnología militar para reutilizar todo esto contra el comunismo, a cambio de inmunidad para los nazis y el reciclaje de estos en la estrategia bélica norteamericana", explicó Basti.

Según el escritor, las principales agencias de inteligencia del mundo, como la CIA estadounidense y el MI6 británico, contaban con informes y fotografías que confirmaban la presencia de Hitler en Sudamérica después de 1945.

Basti afirmó que "lo que hacían los servicios secretos era reportar su presencia, pero no actuar para una detención" y que "es obvio" que, si hubiesen querido, podrían haber capturado al líder nazi ya que "así lo demuestran los documentos".

NUMEROSOS TESTIMONIOS
Durante los dos primeros mandatos del ex presidente argentino Juan Domingo Perón (1946-1955), Hitler vivió en la hacienda San Ramón, a unos 15 kilómetros de Bariloche, a la que llegó en tren desde la costa patagónica.

Numerosos son los testimonios citados en el libro que corroboran la presencia del Führer en la región, al asegurar haber estado junto a él o tener un familiar que tenía una relación cercana con el presidente del Tercer Reich.

Tales son los casos de Eloísa Luján, quien era una de las "catadoras" de la comida que se le servía al nazi para asegurar que esta no estaba envenenada, y de Ángela Soriani, la sobrina de la cocinera de Hitler, Carmen Torrentegui, en el tiempo que éste pasó en la finca sureña.

La presencia del líder alemán en aquel rincón de la Patagonia era un secreto a voces, "no era que todos sabían que estaba Hitler en esa hacienda pero los que sí lo sabían, por alguna circunstancia como ser empleados de la hacienda, minimizaron el tema respecto a la importancia del personaje", comentó Basti.

"Para la gente de campo la guerra prácticamente no existía, no había radio, los diarios llegaban una vez por mes y no cualquiera los leía. Así que sabían que había una guerra pero no tenían la dimensión del conflicto ni tampoco de los personajes en particular", agregó.

KURT BRUNO KIRCHNER
Cuando Perón es derrocado en la llamada Revolución Libertadora (1955), el autor sostiene que muchos nazis se van de Argentina hacia países vecinos, principalmente a Paraguay, y también, aunque hay testigos que aseguran haber estado con Hitler después de esa fecha, el mismo Hitler tuvo que migrar al país guaraní, con el seudónimo de Kurt Bruno Kirchner.

En "Tras los pasos de Hitler", se cita un testimonio de un ex militar brasileño hijo de un alto cargo nazi, quien asegura que el Führer falleció el 5 de febrero de 1971 y está sepultado en una cripta en un antiguo búnker subterráneo nazi en Paraguay, donde en la actualidad se levanta un "moderno y exclusivo hotel".

Basti escribe que la primera semana de cada febrero, el establecimiento hotelero cierra sus puertas para que un grupo exclusivo de nazis pueda honrar a su líder, "el hombre que les cambió la vida, a ellos y a todo el mundo, para siempre".

miércoles, 5 de febrero de 2014

Computadora que descifró mensajes de Hitler cumple 70 años

Computadora que descifró mensajes de Hitler cumple 70 años

Colossus
Los planos usados para construir a Colossus fueron destruidos al final de la guerra.
Un día como hoy, pero hace 70 años, fue utilizada por primera vez la computadora que le permitió al gobierno británico descifrar los mensajes intercambiados por Adolf Hitler y el alto mando militar alemán durante la Segunda Guerra Mundial.
La máquina, llamada Colossus, es considerada como la primera computadora electrónica y su existencia fue un secreto hasta 30 años después de que inició sus operaciones, el 5 de febrero de 1944, debido a lo delicado que era revelar que interceptó las comunicaciones de los alemanes durante el conflicto bélico que tuvo lugar entre 1939 y 1945.
Colossus estaba integrada por 10 máquinas que fueron desmanteladas al final de la guerra. Sólo dos se mantuvieron operativas para leer mensajes de la Unión Soviética. Los planos empleados para su construcción fueron destruidos.
Sin embargo, en 1994 se inició un proyecto de reconstrucción de la computadora que duró más de 10 años. El resultado fue presentado al público en noviembre de 2007.
La computadora se encuentra en las instalaciones en las que originalmente funcionó, Bletchley Park, que durante la Segunda Guerra Mundial fue uno de los centros de inteligencia del Reino Unido. Actualmente es el Museo Nacional de Computación (TNMOC, por sus siglas en inglés).

Funcionamiento

Válvulas de Colossus
Cada máquina tenía 2.500 válvulas y el peso total era de 5 toneladas.
Colossus fue creada por Tommy Flowers, un ingeniero del servicio postal, y para procesar los mensajes se basaba en el código Lorenz, que se utilizaba en máquinas alemanas que servían para cifrar las comunicaciones. Era utilizado para intercambios de información importante, no para establecer contacto con las unidades de combate.
"El código Lorenz utilizaba la tecnología del teletipo, lo que permitía la transmisión de mensajes más largos y detallados, hasta donde se sabe, se hicieron muy pocas máquinas de este tipo", le dijo a la BBC Brian Randolf, profesor de computación de la Universidad de Newcastle, en Inglaterra.
Pesaba 5 toneladas y tenía una dimensión de 2 mts de alto, 5 mts de ancho y 3 mts de profundidad. Cada máquina tenía 2.500 válvulas alineadas en filas de dos metros de largo. Era capaz de procesar 5.000 caracteres por segundo y permitió descifrar 63 millones de caracteres.
Se creía que, en varias ocasiones, los aliados leían los mensajes dirigidos al alto mando alemán incluso antes que ellos pudieran hacerlo.
"El 1 de junio de 1944, gracias a los mensajes interceptados por Colossus, se recibió confirmación de que Hitler y sus generales creían que la invasión a Normandia era una distracción para un ataque mucho mayor que iba a ocurrir en el área de Calais, así que decidieron no mandar refuerzos", comenta Randolf.
El especialista añade que expertos en historia militar consideran que la información recopilada por las máquinas que estaban en Bletchley Park aceleró el fin de la guerra. De no haber tenido acceso a esos datos, pudo haber durado dos años más.

Conmemoraciones

Cinta de Colossus
Procesaba 5.000 caracteres por segundo y descifró 63 millones de caracteres.
La creación de Colossus transcurrió en medio de gran hermetismo. John Kayne, un ingeniero telefónico que ayudó a ensamblar algunas de las máquinas, le dijo a la BBC que cuando lo contactaron para trabajar en la computadora, le advirtieron que su existencia era información clasificada que no podía compartir con absolutamente nadie.
En un documental realizado por Google en 2012, Albert Bareham, otra de las personas que trabajó en la construcción de la computadora, dijo que al principio no sabía qué estaba ayudando a construir.
"Nos dijeron que íbamos a desarrollar un equipo electrónico absolutamente nuevo en la industria. Nadie los había utilizado para descifrar códigos con anterioridad".
Para celebrar el aniversario número 70, se hizo una demostración del funcionamiento de la computadora y de los pasos que se seguían para descifrar los mensajes interceptados.
En el evento, que se realizó en el TNMOC, estuvieron presentes algunos de los creadores y operadores de la máquina.
También participaron mujeres que ayudaban en el funcionamiento y mantenimiento de la misma. Fueron reclutadas porque sus dedos eran más pequeños y ágiles que los de los hombres, lo que les permitía conectar las válvulas y otros componentes con mayor facilidad.
En Bletchley Park, durante la época de la guerra, trabajaron aproximadamente 550 personas.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Murió el último guardaespaldas de Hitler

Murió el guardaespaldas de Hitler

Rochus Misch
Rochus Misch tenía, incluso después de la guerra, una polémica opinión positiva de Hitler, de cuyos últimos días fue testigo.
El último testigo sobreviviente de los días finales de Adolf Hitler en el búnker de Berlín, Alemania, murió a la edad de 96 años.
Rochus Misch era integrante una de las unidades de guardaespaldas de Hitler, pero sirvió principalmente como operador telefónico.
"Cuando Hitler estaba de viaje, entre cuatro y seis de nosotros lo acompañábamos en un segundo coche. Pero cuando estábamos en el apartamento de Hitler en la Cancillería también teníamos otras funciones", dijo el exguardaespaldas a la BBC en una entrevista en 2009.
"Dos de nosotros siempre trabajábamos como operadores de telefonía. Con un jefe como Hitler, había siempre muchas llamadas telefónicas", añadió.
Los críticos desdeñaron las memorias de Misch, publicadas en 2006, por considerar que exageraba su rol en el séquito de Hitler.

Íntimo del "jefe"

Durante cinco años, Misch formó parte del círculo íntimo de Adolf Hitler, el hombre cuyo gobierno fue responsable del Holocausto nazi que acabó con la vida de seis millones de judíos. Misch fue una de las últimas personas que lo vio con vida, antes de que el líder nazi y su compañera, Eva Braun, se suicidaran en abril de 1945.
Misch huyó del búnker de Hitler apenas unas horas antes de que fuera alcanzado por el Ejército Rojo.
Rochus Misch
Misch muestra una fotografía de Hitler que había tomado a principios de 
los años 40 en Berchtesgarden, en el sur de Alemania.
Pero fue capturado rápidamente y pasó los siguientes nueve años en campos de trabajo soviéticos.
Rochus Misch se mantuvo leal a Hitler hasta su muerte, calificándolo como un jefe maravilloso.

lunes, 5 de agosto de 2013

Los científicos que se escaparon de los nazis

Los científicos que se escaparon de los nazis

Gustav Born
Gustav Born vive en Londres. A sus 92 años todavía recuerda en detalle la historia de su partida de Alemania.

A la familia de Gustav Born se le sugirió a principios de 1933 que era tiempo de abandonar la Alemania controlada por los nazis.
El consejo provino de Albert Einstein, quien le dijo al padre de Gustav, su amigo físico y matemático Max Born, que "saliera de inmediato" con su familia cuando todavía había posibilidades de viajar.
Hicieron sus maletas y cruzaron la frontera, primero a Italia y luego a Inglaterra, donde llegaron acompañados de los que podrían considerarse los refugiados mejor calificados de la historia.
Gustav Born tenía 11 años en ese momento: vivía en Gottingen, Baja Sajonia. Allí, su padre Max era director de uno de los centros de investigación de física más importantes del mundo.
Los Born eran judíos y cuando Hitler tomó el poder, a Max y a sus colegas de la misma religión se les impidió trabajar en la universidad. En ese momento, este grupo pionero y elitesco de científicos teóricos se convirtieron en solicitantes de asilo.
Gustav Born ahora vive en Londres y pocos días antes de cumplir 92 años, recuerda con una gran lucidez el viaje de los académicos alemanes. Conversar con él es como trasladarse a la Mitteleuropa -el término alemán que hace referencia a Europa Central- de 1930.

La amenaza

Max Born
Max Born obtuvo la nacionalidad británica.
Born es ahora uno de los últimos eslabones de vida de estos refugiados académicos, que lograron ganar 16 premios Nobel. Su padre fue uno de ellos: Max Born recibió el premio por su trabajo en mecánica cuántica.
¿Cree que estos científicos se dieron cuenta de la magnitud de la amenaza de los nazis?
"Sí, creo que mi padre probablemente lo hizo. Entre sus colegas judíos, algunos se percataron, pero otros no lo tomaron en serio por un tiempo. La escala de lo que hacían los nazis se volvió evidente entre los primeros tres y seis meses".
Born recuerda que el antisemitismo se sentía incluso entre los niños y a algunos no les permitían jugar con él.
También hubo ejemplos positivos de la naturaleza humana, como aquellos académicos que permanecieron junto a sus colegas judíos. El ganador del premio Nobel Max von Laue, por ejemplo, demostró un gran apoyo, dice Born.
El físico Max Planck, por su parte, fue a ver a Hitler en persona para impugnar la exclusión de los científicos judíos, pero al líder nazi "le salió espuma por la boca y no lo dejó hablar más".
Aún así era difícil abandonar Alemania. Max Born tuvo que dejar de gestionar un instituto y su esposa tenía el corazón destrozado ante la posibilidad de emigrar.
"Ellos odiaban tener que huir de una manera tan cruda y peligrosa".

El valor de la libertad individual

Cuando los Born abandonaron Alemania, no tenían la ilusión de que se tratara de una salida temporal. La "nazificación" avanzaba rápidamente y ya había asesinatos políticos.
"Mis padres estaban bastante seguros de que se trataba de un viaje sin regreso".
Mientras los Born observaban las esvásticas que comenzaban a aparecer en Gottingen, el personal universitario en Reino Unido ya planificaba una respuesta humanitaria.
El economista William Beveridge había establecido el Consejo de Asistencia Académica, con el objetivo de rescatar a académicos judíos, así como también a todos aquellos que fueran políticamente vulnerables.
Esta organización ayudaría a 1.500 académicos a escapar de Alemania para continuar su trabajo de investigación en un ambiente seguro en Reino Unido.
La propuesta fue respaldada rápidamente por académicos como el biólogo J.B.S. Haldane, el economista John Maynard Keynes, el físico y químico Ernest Rutherford, el historiador G.M. Trevelyan y el poeta A.E. Housman.
Albert Einstein también apoyó este comité de escape con un discurso en el Albert Hall de Londres, en octubre de 1933.
Albert Einstein
Einstein también apoyó al comité de escape con un discurso en el Albert Hall 

de Londres, en octubre de 1933
El científico propuso defender los valores liberales occidentales de "tolerancia y justicia" e ir en contra de las "tentaciones del odio y la opresión", en un momento en el que se profundizaba el extremismo y la agitación económica y política.
Einstein dijo a la audiencia: "Cada avance del conocimiento y la invención se lo debemos a la libertad individual, una libertad sin la cual no vale la pena vivir".

La operación de rescate

El ayuntamiento puso en marcha su "operación de rescate" y organizó el viaje de los académicos a Reino Unido. Los apoyaron con becas, alojamiento y, lo más importante, ofreciéndoles trabajo.
Se trataba de un grupo muy talentoso que fue dejado de lado por los nazis. Además de los premios Nobel, 18 académicos del grupo obtuvieron títulos de caballeros años después y más de 100 se convirtieron en becarios de la Real Sociedad de Londres y la Academia Británica.

Generación especial

Ganadores del premio Nobel: profesor H.A. Bethe, prof. M. Born, Sir Ernst Chain, prof. M. Delbruck, prof. D. Gabor, doctor G. Herzberg, prof. J. Heyrovsky, Sir Bernard Katz, Sir Hans Krebs, doctor F. Lipmann, prof. O. Loewi, prof. S. Luria, prof. S. Ochoa, doctor M. Perutz, prof. J. Polanyi, prof. E. Segre.
Caballeros: Sir Walter Bodmer, Sir John Burgh, Sir Ernst Chain, Sir Hermann Bondi, Sir Geoffrey Elton, Sir Ernest Gombrich, Sir Ludwig Guttman, Sir Peter Hirsch, Sir Otto Kahn-Freund, Sir Bernard Katz, Sir Hans Kornberg, Sir Hans Krebs, Sir Claus Moser, Sir Rudolf Peierls, Sir Nikolaus Pevsner, Sir Karl Popper, Sir Francis Simon.
De acuerdo a la Asociación de Refugiados Judíos hubo alrededor de 70.000 refugiados de esa religión que llegaron a Reino Unido antes de que estallara la guerra en 1939.
Max Born y su familia fueron primero a Cambridge y luego a la Universidad de Edimburgo. Pagó los costos escribiendo un libro de texto de ciencia que se convirtió en un estándar educativo en las escuelas.
Hubo otros que se trasladaron a Estados Unidos. El matemático Richard Courant, por ejemplo, se fue a Nueva York. Allí, uno de los centros más importantes de matemáticas aplicadas del mundo -el Instituto Courant de Ciencias Matemáticas- lleva su nombre.
Perder esas potencias intelectuales fue una herida autoinfligida por la guerra nazi.
Los refugiados alemanes jugaron un papel clave en asegurar que, en lo referente a las armas atómicas, Estados Unidos estuviera a la vanguardia.
A pesar de que Max Born se negó a trabajar en la investigación de armas atómicas por razones morales, Robert Oppenheimer, el "padre de la bomba atómica" nacido en Estados Unidos, fue alumno de Born durante el doctorado que realizó en Gottingen.
En un momento, hubo señales que los nazis se habían dado cuenta de su error.
En 1934, Max Born y su familia recibieron la visita de Werner Heisenberg en Cambridge, otro ganador del premio Nobel y antiguo colega que había seguido trabajando en Gottingen.
Heisenberg trajo un mensaje del gobierno nazi, que invitaba a Max Born a que volviera a Alemania para continuar con su trabajo científico. La invitación dejó a Born "molesto y fuera de sí", recuerda su hijo.

El regreso

Eventualmente Max Born y su esposa volvieron a Alemania, cuando la guerra ya había terminado y él se había retirado. Allí murió en 1970 y fue enterrado en el mismo cementerio de Gottingen que los físicos Max Planck y Max von Laue.
Gustav Born, que se convirtió en un profesor de farmacología en el Kings College de Londres, asegura que sus padres se habían comprometido a tratar de reconstruir Alemania de una forma que impidiera el retorno del extremismo político.
¿Qué lecciones se deben aprender de todo esto?
Gustav Born sigue siendo un firme partidario de la campaña que se realizó para rescatar a los académicos, que ahora celebra su 80 aniversario.
De allí nació el Consejo de Asistencia a Refugiados Académicos (CARA, por sus siglas en inglés) y su presidenta actual, Anne Lonsdale, dice que después de 80 años a la organización "le encantaría estar sin trabajo", pero los problemas en Zimbabwe, Irán, Irak y Siria han provocado que los académicos sigan necesitando ayuda en esos lugares, donde "la sociedad civil ya no funciona".
Hay una "necesidad urgente de que los estudiosos de todo Medio Oriente puedan exiliarse en un lugar seguro", aseguró.
Las historias de los refugiados de los nazis, con fotos de caras con arrugas que parecen mapas ferroviarios antiguos de Europa, parecen salidas de un mundo perdido.
Refugiados
Refugiados sirios en Jornania.
Sin embargo, Gustav Born cree que el trabajo de CARA demuestra que esos asuntos siguen siendo relevantes, ahora más que nunca. Según él, la labor también recuerda que no se deben hacer juicios apresurados sobre los refugiados y lo que podrían ser capaces de lograr.
Sus descripciones de ese mundo académico de la década de 1930 dejan entrever una sociedad altamente culta. Su padre, recordado por su investigación científica, tocaba a Bach en el piano todos los días. Eran internacionalistas cuyas ideas e investigaciones superaron las fronteras nacionales y políticas.
Pero no pudieron hacerle frente a los nazis. Y, según Gustav Born, la gente a menudo pasa por alto que Alemania todavía era un país joven en la década de los 30, que tenía poco más de 60 años de unificado y que no había construido instituciones capaces de resistir sus propias tendencias "militaristas y nacionalistas".
Él está consciente de que es una de las pocas personas vivas que pueden hablar, de primera mano, sobre ese legado.
"La tristeza casi acaba conmigo. No quiero que se olviden estas cosas: la supresión de un país llevada a cabo por una banda de ladrones asesinos, que victimizó a personas de buena naturaleza y buena intención, y que ello podría volver a ocurrir".